¿Será el coronavirus el acelerador de los cambios que ya estaban en marcha?

En mitad de la crisis actual, el final sigue siendo incierto y resulta imposible vislumbrar una perspectiva clara sobre lo que va a ocurrir: los analistas habituales del mundo económico no se atreven a trazar la hoja de ruta que deberá seguir la economía.

Tras varias semanas de confinamiento un empresario vinculado al sector de la moda decía “El suelo ha desaparecido bajo nuestros pies, todo punto de apoyo ha desaparecido de golpe y porrazo y no se ve ni el final del abismo”.

¿Qué incógnitas nos provoca el COVID-19 sobre el futuro de la humanidad y la economía?

Esta crisis ha dejado expuestas las cadenas de suministro de los gigantes del sector (primero con la paralización de China y después con el cierre de países como India o Bangladesh), lo que debería pasar por trabajar con menos proveedores pero más estables y geográficamente más cercanos.

Una crisis como la actual puede hacer que la globalización dé un paso atrás. Algunos sociólogos empiezan a apuntar a las comunidades como elemento que aporta seguridad, cuidado, además de crear la sensación de pertenencia a un grupo que es algo en estas circustancias siempre reconforta.

Otro valor que creemos que se verá en alza será, la cercanía con los consumidores, la autenticidad y la protección.

Muchas marcas deportivas han reinado durante los últimos años con la cultura de la victoria individual, la competencia, y el ego, ahora quizás se impongan las marcas que hablen de “nosotros” y del cuidado del planeta.

Otra muestra de este prestigio de la autenticidad, cómo de los cánones estéticos que han comenzado a cambiar, mostrándonos mujeres con curvas y sin maquillar, al menos entre las generaciones más jóvenes.

Transformación digital

Confinados en sus casas, los ciudadanos de los países desarrollados han descubierto que se puede hacer ejercicio al lado de una ventana mediante una app sin pagar la cuota del gimnasio, y los que todavía no habían subido al carro del ecommerce, han entrado en él aunque sólo sea para comprar papel higiénico. Tras la crisis quizás descubriremos que hay gastos de los que podemos prescindir o incurrir en ellos de otra manera.

Por otro lado, de la noche a la mañana la reclusión ha hecho descubrir el teletrabajo a millones de personas (y empresas) que han incorporado a toda velocidad  herramientas tecnológicas para las comunicaciones y la organización del trabajo. Aunque en los círculos más sostenibles de la industria de la moda todas las reuniones se realizaban por Zoom desde hace años para reducir la huella de carbono derivada de los viajes, lo cierto es que el grueso de la humanidad nunca había oído hablar de esta aplicación.

El consumidor terminará de transformarse digitalmente, igual que lo harán las empresas, pero la moda tendrá todavía un reto pendiente sobre la mesa. Si la transformación digital hubiera sido plena en el sector, la industria 4.0 hubiera estado ya implantada, mitigando el que será el gran enemigo del sector cuando las tiendas reabran: el stock.

El término sueco köpskam

En 2019, se acuñó el término sueco köpskam para definir la vergüenza de comprar ropa.

Si la producción bajo demanda ya era una labor pendiente del sector, las toneladas de stock devaluado que encontrarán las empresas al salir de la crisis del coronavirus harán que sea una tarea aún más apremiante.

“Menos es más” o “rentabilidad y no crecimiento” son dos expresiones que se han instalado en los comités de dirección.

Tras meses confinados, quizás el consumidor después de haber tenido tiempo de ordenar su armario, se habrá dado cuenta de la cantidad de prendas que tiene y no usa.

¿Con qué escenario nos encontraremos?

La visión más optimista es la de un mundo más maduro en el que las personas y las empresas han aprendido algunas lecciones y que será, por tanto, más transparente y sostenible. En el mismo, los valores del poder y la victoria se reconfiguran en favor de una concepción más relajada y holística de la felicidad y el bienestar. El mundo tomará una hoja de ruta que está en realidad muy clara: crecimiento inclusivo y economía circular, como promulgan hoy en día de la ONU al FMI.

La peor, en cambio, es la de un mundo que sucumbe a los riesgos más perniciosos del miedo incontrolable y la arrogancia irreflexiva, y en el que logros que parecían inquebrantables, como mundialización y democracia, se desdibujan y desaparecen. Un mundo de más barreras, más pobreza, más ignorancia y más totalitarismo, en definitiva peor para una mayor parte de la humanidad.

El Gran crítico de la sociedad victoriana que le tocó vivir, H. G. Wells era en realidad un optimista. Fue capaz de imaginar un mundo destruido por una invasión marciana, pero dejó espacio para la esperanza en que, quizás, todo había servido para algo. “Es posible que, con relación al conjunto del universo, esta invasión de Marte acabe suponiendo un beneficio para los hombres: nos ha despojado de la confianza serena en el futuro, que es lo que más fomenta su decadencia, y ha contribuido enormemente a la ciencia humana y a promover la concepción del bien común de la humanidad”.

Fuente: Modaes

“Cisnes negros, rinocerontes grises y otros animales de la jungla: las incógnitas de la moda después del coronavirus”  de CHRISTIAN DE ANGELIS / PILAR RIAÑO

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